Hoy...
- Aprendí que las palabras orquesta sinfónica significan DANZA.
- Escuché una canción aborigen de habladurías acerca de un hombre y su amante. Acompañada por claves. ¡¡Obviooo de Australia (por cierto, National Geographic trae un reportaje de Ulurú, chéquenlo)!!!
- Vi y escuché dinosaurios con el respectivo canto de las aves en la selva, jaja.
- Conocí la replica enternecedora de Leonardo Da Vinci –e invenciones–.
- Intenté seguir ritmos africanos con la palma de mi mano.
¡ME DIVERTÍ COMO ENANA CUANDO JUGABA Y DESCUBRÍA LAS MARAVILLAS DE LOS SONIDOS!
Porque la noche fue mágica y el aire, los golpes rítmicos, las personas, el tiempo… produjeron melodías que esparcieron el cansancio, la incertidumbre, la pena, el coraje; que le hicieron olvidar a mis pies por un momento el martirio al que los sometí por varias horas.
Llegué hace 90 minutos a casa –ya es poco más de media noche–. Soy una piltrafa, pero mañana se me quita; cómo cansa estar sentada largo tiempo (además tengo la columna chueca, ¡de verdad! Así que, aún peor).
Fui a la inauguración de la exposición Música en el MUTEC… Llevaré a Camila, aunque no soy su mamá, quiero inculcarle las visitas a los museos –aash que ñoña, sí!!!–.
viernes, 16 de mayo de 2008
¡Música para mis sentidos!
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Etiquetas: trabajo
miércoles, 14 de mayo de 2008
¿Y tú vas al súper… a ligar?
Venía y venía a postear; en algún lugar debo desahogar las ideas, confusiones y anécdotas, pero nomás no lo hacía, eso me molesta…
La vida laboral me sonríe: acepté un proyecto online sobre noticias aquí (¡POR FAVOR SUS APORTACIONES COMO CIBERNÁUTAS SON IMPORTANTÍSIMAS, ASÍ QUE, COMENTEN SI LES AGRADA O NO, QUÉ LE CAMBIARÍAN. LÉANLO, DE PASO SE MANTIENEN INFORMADOS); estoy a prueba y los jefes en espera del me quedo o gracias, fue un placer. Todo pinta a decir sí, es medio tiempo, me permitiría continuar con el freelance en Crecer Feliz –para quienes no sabían, también ahí escribo, darle en Sirius y por qué no en otra revista que me dejó la puerta entreabierta–
Seguro se preguntarán qué onda con el titulo/cabeza de este post que no tiene nada que ver con lo que están leyendo… Pero ¿qué creen? Que aquí comienza mi anécdota de por qué en el súper o ir a éste es útil si se está en busca de prospecto(a).

El domingo, por la noche, fui a hacer mi súper. Sí, aunque aún vivo con mis papás y hay objetos de consumo que ellos compran, no son de mi agrado y prefiero ir por mi cereal, yogur, fruta, pan, entre otros artículos.
Iba –yo– muy primaveral: vestido fresquecito indú, jeans y unos mega zapatos que me daban 10 centímetros más de estatura (es que soy muy chiquita, petite dice Vicco precioso) y despeinada chic. Primero fui al cajero y luego a Aurrera –el Wallmart de los pobres, je-. Al termino de mi compra, crucé el estacionamiento, a pie obvio, de The Home Depot cuando un extraño tocó/pitó el claxón.
Me detuve y amablemente dije –Sí, ¿en qué te puedo ayudar? – Pensé que el joven estaba perdido, aunque me vino a la mente “si hay un chingo de letreros cómo puedes perderte”; nunca me pidió ayuda, lo supuse. Él dijo:
–Oye, disculpa ¿habrá forma de conocerte? No sé ¿podemos conocernos?
Me hubiera encantado mirar mi cara en aquel momento, creo que fue una mezcla entre desconcierto patidifuso y torpeza. No dije ¡nadaaa! No gesticulé, tardé en reaccionar:
–Eeeeh… ¿perdón? – seguía como apendejada, pero qué quieren si planeaba mis actividades e imaginaba el encuentro, de la semana, con el niño lindito.
–Que si ¿puedo conocerte? – gritó el sujeto como de unos 26 ó 28 años, según mis cálculos.
–No, lo siento. Adiós. – contesté y regresé a mi travesía entre sueños rotos, ilusiones y expectativas.
Cinco minutos después reaccioné, me causó muchísima gracia, ¡carajo, le hubiera dicho que era casada, a ver qué decía! Tal vez fueron los matacucarachas, es decir, mi calzado que me estilizó en exceso o mi seguridad con estos y las bolsas del súper que, ni aun así perdí el estilo, jajaja.
Al súper no voy a ligar, nunca lo había pensado. Además no me gusta tomar carrito y todos mis víveres los llevo en la mano, a lo que voy y ya.
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lunes, 5 de mayo de 2008
A prueba de errores
(Del lat. error, -ōris).
1. m. Concepto equivocado o juicio falso.
2. m. Acción desacertada o equivocada.
3. m. Fís. y Mat. Diferencia entre el valor medido o calculado y el real.
Admitir que nos equivocamos no es sencillo. Aceptar un error (o muchos) es una reconciliación para nosotros, no con el mundo ni las personas. Sin embargo, al reconocer nuestros desaciertos, a veces, no significa que seremos completamente felices porque entonces surgen un montón de dudas y chaquetas mentales que nos transforman aún más se seres complejos.
La regué / la cagué / chin me equivoqué / lo hice otra vez / caí nuevamente / sí, soy un pendejo (a)
¿Cuántas veces hemos agachado la cabeza? –Porque sí se vale hacerlo o qué, mucho orgullo y te aguantas– También se clava la cara en la almohada con ganas de gritar y llorar; aventar objetos o golpear con el puño la pared (ya cuando el asunto es muy telenovelesco, jajaja) o escribir en un blog que erraste tanto en tan poco. Esto podría ser relativo según la perspectiva. Finalmente, continuamos errando y es el ser humano la única especie que tropieza dos ocasiones con la misma piedra (error).
Admito mis errores:
- El innombrable (mi hermoso error).
- Enamorarme y no desenamorarme
- No haber dicho te amo cuando lo sentí.
- Extrañar al innombrable.
- Enojarme por simplezas.
- Emocionarme, de vez en cuando, como niña de tres años ¿y?
- Comprar libros que tardo en leer.
- Prometer y no cumplir
- Mentir –aun por piedad–
- Llevarle la contra a mis padres e ignorar a mi papá.
- Confiar en rubias patéticas que dicen ser “amigas”.
- Regañar a Camila, mi sobri.
- Ser confiada.
- Creer en desconocidos.
- Hablar poco con mi hermano.
- Llorar en la calle.
Pero la verdad, sé decir ME EQUIVOQUÉ – LA CAGUÉ y TE OFREZCO UNA DISCULPA. No busco culpables.
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Etiquetas: errores, sentimentalismos, sujetos
viernes, 2 de mayo de 2008
Karina reloaded
Esperé una hora a Fabi, la chica que ahora me corta el cabello y a quien había visitado 20 días antes para mero despunte. –Quiero un cambio radical y ya me harte de traerlo largo, mmm bueno, confío en ti. Sólo no me hagas más cachetona– dije; en sus manos quedé. – ¿Estás lista? –preguntó mientras contemplé por última vez, en el espejo, mi ex imagen y ella sostenía con su mano derecha las tijeras. Escuché un “tjjj”, cerré los ojos.
Platicamos durante la transformación (¡aaah, era 30 de abril y me regalaron una rebanada de pastel… Día del niño!): tratamientos, cremas, brillos, champú, spray, cómo secar y planchar. ¿Podría ser –yo– estilista? Sí la rifo eeeh. Finalmente, casi una hora de producción, quedé monísima, peroooo Fabi mencionó algo de pestañas postizas, explicó el ritual, me convenció.
No duele nada, tampoco arde cuando las colocan. Eso sí, al sellar con queratina ¡por los clavos de Cristo, quema tremendo! Aaah, pero querías pestañas de Clarabella, jajaja. La verdá es que, sí hacen un parote porque cero enchinada y adiós rímel. Duran aproximadamente un mes, obvio si las cuidas:
- no tallar los ojos
- desmaquillar con cuidado
- no mojar a chorro directo de agua (lo cual está cañón eeeh, fue todo un show a la hora del baño desde lavar y exfoliar la cara, el champucito lavó mis ojazos –grrr–, no sé qué me hizo llorar)
Mas otro rollote será la quitada, debo ir con Marco –el que me las colocó– a que las retiré al notar que traiga pestaña de teporocha. La neta, estoy feliz, quizá esto es una banalidad, aunque una insignificancia que a muchas mujeres hace felices, como a mí.
¿O no, Lata? Mi amiga también sabe del ritual para embellecer, sino pícale acá.
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lunes, 28 de abril de 2008
Letras DFectuosas
La K verde no sabía que F roja existía entre harta letra multicolor, un día la descubrió y comenzó a lanzar suspiros. F roja es estrambótica, rara pues. Descendiente de la kappa griega y de la kaf fenicia, la K verde se emocionaba cada vez que veía a la F roja, de lejitos, hasta que un día saltó y saltó pa’atrás, retrocedió y casi deja como bastón a la J; transforma en guión bajo a la I; a la H la ignoró y casi choca con la panza de G… todo por ver a la F roja.
Finalmente llega K verde al lugar de la F roja; platican mucho, todos los días, todas las noches, y aunque la M azul, a veces, estornuda y riega su color hacia el cielo, K verde no lo ve pues el rojo es tan llamativo que opaca la claridad. Y así, K verde tambalea.
K verde y F roja se despiden una y otra vez. Reencuentros, KF – FK, bobos y sosos, tal vez.
Pero K verde, no es tan verde (eso piensas F roja ¿acaso crees que en vano está cinco pasos más adelante del camino ABCDE…? No querida (o)) y nota que la H, muda no es. Psicodélica sí, moderna tal vez, un poco infantil… Se siente columpio y canta tonterías.
¡O o o h d e c e p c i ó n!
Una tarde en la ciudad DFectuosa, K verde porta alegría e ideas para posibles combinaciones con otras letras, pero el símbolo del potasio gira a la izquierda mientras espera la luz del semáforo que le permita cruzar:
F roja ------------------- H
toman sus líneas
K verde fue K amarilla
1 2 3 . . . d í a s
Una A muy anciana le dice a K verde: “viste a F roja porque la vida te contestó, porque tu eres K, estás adelante y no debes retroceder. Aprende a darle la vuelta a las cosas que sólo te van a estorbar.”
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Etiquetas: sujetos
sábado, 19 de abril de 2008
Odiar: ejercicio nocturno.
(Efectivamente me sentí niña entre casi 12 mujeres y un caballero de entre 40 y 70 años de edad, como diría Bárbara, personaje de la escritora española Rosa Montero, me quedé patidifusa al entrar al salón y toparme con aquellas personas. No hay límites de edad ni pensamiento cuando se quiere y necesita escribir.)
Leímos algunos poemas de Don Margarito Ledesma, ¡que hombre tan gracioso, pero quiso ser poeta! Luego, una compañera leyó un texto de otra alumna, en otro curso de Rosa, respecto al ODIO. Al termino, iniciamos nuestro ejercicio: Escribir durante cinco minutos lo que llegara a nuestra mente y papel de dicho sentimiento.
Anoche repetí la tarea…
Odio escribir para perseguir su recuerdo y no olvidarle. Odio que los recuerdos de lo imperfecto palidezcan porque entonces comprendo la vida.
Odio pensar que no me amó; odio más que me hayas dicho lo contrario. Odio que me hayas advertido cuánto te recordaría el resto de mi vida aunque tomáramos rumbos distintos.
Odio contar los días. Ya pasaron siete meses de aquella amena, extraña y “esperada” despedida. Odio a septiembre; a noviembre y a diciembre. Odio a la esperanza porque esperó. Odio a ese océano, que no te tragó, tanto como a esas raíces que no alcanzaron tus pies y te permitieron volver. Odio que hayas regresado a culpar y reprochar el cariño que ya te odia.
Odio que la memoria no me falle tan solo unos minutos, odio que no suceda. Odio mis ganas de: querer, vivir, sentir, hablar, explorar, compartir, escribir, ser, degustar, descubrir más contigo, a tu lado. Odio tu pinche miedo a perderlo todo. Odio que hayas sido quien me enseñó a no temer mientras la inconciencia es conciente, a apostar en la batalla, a tocar y alcanzar la plenitud.
Odio que te hayas rendido en tan poco; odio que me enseñaste qué hacer juntos, pero no sin ti.
Odio que no haya manuales efectivos ni fórmulas contra la palidez del recuerdo, de lo imperfecto. Odio que la gente, el Metro, la Roma, la San Miguel Chapultepec; Viaducto o Periférico me recuerden que ahí o allá estás.
Odio odiarte, ya me cansaré; entonces ya tus imperfecciones serán perfectas. Odio.
“Somos seres imperfectos que vivimos en un mundo imperfecto”
Tokio blues, Haruki Murakami.
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Etiquetas: ando azotada, sentimentalismos
miércoles, 16 de abril de 2008
Los caballeros las prefieren rubias
En un acto desesperado y reto por obtener un puesto de recepcionista en un importantísimo lugar de las “Lomas”, vino a mi cabeza la idea de acudir al lugar de reclutamiento con todo y currículum; ahí acomodan lo mismo a intendentes que a mercadólogos. Las oficinas, ubicadas en la zona in del Defé, medio pinchurrientas están a media cuadra del Metro Chilpancingo.
Iba yo re guapa, pelo lacio, vestimenta formal, taconcitos y con un excelente discurso en la punta de la lengua –el producto en oferta soy YO, obvio- por si acaso me preguntaban la razón-motivo-causa-fundamento-objeto de escoger ese trabajo aun con experiencia laboral dentro de lo que estudié (comunicación y periodismo). Creo que, tardé más en entregar mi CV y llenar un formato que en la entrevista. No fueron más de cinco minutos.
Aunque la licenciada me preguntó cuál era mi último grado de estudios, nivel de inglés y leyó que me dedico al freelance, dijo (a fuerza pensé)
Sí, lo siento, quieren güeras. Es un firma internacional de abogados en Bosques de las Lomas y eso es lo que nos piden, no quieren morenas. Deben ser rubias con más de 1.70 m de altura, ya sabes casi edecán. Finalmente contestar un conmutador no tiene mucha ciencia, mija, porque es lo que harías, pero de cualquier forma me quedo tu currículo, también conseguimos gente para editoriales.”
En conclusión, ja: no nací para ser recepcionista. Respeto mucho a quienes son, porque hasta para contestar el teléfono, decir buenas días o buenas tardes y brindar sonrisas Colgate, se necesita vocación. Crecer ya no puedo, más que con zapatillas y éstas ya no son mi hit –pa’cuando gusten presto las negras con tacón de aguja; o las azules metálicas que adquirí en La Lagunilla; unas doradas que la última vez que usé durante cuatro horas casi me hicieron llorar, el resto –rosas y rojas- las repartí a mi madre y hermana–.
¿Teñirme de amarillo, dorado, oxigenado, güera o huera? ¡Nooo! Soy anti blond girl. Si la naturaleza –bueno, mis apás participaron- me creó como amarillenta, jajaja, con cabello oscuro, casi negro, así estoy bien. También, reconozco, no tengo las súper bubis, mas acepto y me agradan mis senos con o sin bra (¡Qué vulgar se lee esto!).
En ese bufete jurídico seguro las prefieren rubias, no por eso las morenas perdemos encanto. Ahí tienen a la chaparrita Salma Hayek que chiquita, chiquita tiene una hija con Francois Pinault, hijo de uno de los hombres más millonarios del mundo (cuánta frivolidad la mía).
Dicen… Bueno, me dijeron hace tiempo que las rubias son insípidas ¿¿?? Por supuesto, le pregunté que si lo decía con conocimiento de causa; contestó que en algún momento se degusta a las mujeres, y es ahí en donde el sabor es distinto ¿será?
Ustedes ¿cómo LOS y LAS prefieren?
Yo… ya no sé. Hay un moreno que me hace ruidito y es bien inteligente, ¿de verdad existirá esa teoría de que las rubias son tontas?
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