viernes, 6 de marzo de 2009

Malos ratos

Como todo en esta vida, hay cosas y personas que a través del tiempo mejoran mientras que otras, pues no son agradables ni feos, sino feísimos, ja. Eso le sucedió a un ex compañero de la primaria que vi hace dos días, justo frente a nuestra antigua escuelita y hoy nuevamente me lo tope en la fila para pagar el teléfono –o bueno ‘el servicio telefónico’ –. Supongo que él no me reconoció y si sí, da igual.

Se llama Héctor, también apodado ‘El Chivigón’ o ‘Chivis’ –¿por qué el alías? No supe o no lo recuerdo – era codiciadísimo por todas las niñas de mi salón, incluyéndome claro, en cuarto año. Fue objeto de culto más o menos hasta sexto, porque lo desbancó un niño con nombre de dios azteca / prehispánico (Tlahuicol).

Regresando al Chivigón, recuerdo que ERA simpático, moreno y siempre olía fresco, locioncita, bien peinado, impecable. Igual se lo debía a su mamá, quien hacía de él un galancito e inflaba el ego cada vez que le decía cuán guapo se veía y obvio que no cualquier nenita se lo merecía. Si la memoria no me falla, a Héctor se lo disputaron Tania, hija de una maestra, y Samantha, siendo ésta la airosa.

¡Aaaay los niños! El amor cegaba antes, ahora no sé. Al menos hoy al verlo pensé ‘ufff, tengo malos ratos, pero no malos gustos’.

El Chivis entra en la categoría de ‘malos ratos’, jaja. Si yo no crecí (mido 1.57) mucho, él ¡no crecióóóóóóóó nadaaaa! Es más enano que yo, ¿que cómo lo sé? Aah, porque hubo un momento, en la hilera, que quedé frente a él. Luego me dio la espalda y lo noté, unos tres o cuatro centímetros le saco.

Pero igual noté que no hay gran espacio entre su cuello y cabeza –tipo Cuauhtémoc Blanco –; el tono de la piel no le cambió, su mandíbula parecía de viejito sin dentadura y la cicatriz, producto de la caída en una zanja, que iba de la mejilla hacia los labios todavía es notoria.

Tiene cuerpo de señor con panza chelera. Llevaba pulseritas, cadenas y un anillote de oro, tampoco tipo narco, aunque esos accesorios, desde mi humildísima perspectiva, son incompatibles con los caballeros, por no citar ‘corrientes’.

Y sigo pensando… Tengo malos ratos, pero no malos gustos. Ay no, no soy frívola, sólo que hay a quienes el tiempo, tal vez lo excesos o qué sé yo les pasan factura. Ooooh sí.


6 comentarios:

lunanueva dijo...

Gracias a Dios que en muchos de mis conocidos el tiempo los mejoro, incluyendome yeahhhhh

El Señor Tlacuache dijo...

Es como en las comidas de exalumnos... que la chica "hot" ahora es una señora gordita con 3 hijos chillones...

y el galán del salón ahora es un pelonete barrigón que se dedica a traerle el café a los nerds que molestaba antes jajajaja

Todo cambia... jejeje

Gurisa dijo...

Siempre pasa. Los compañeros que tenía en la secundaria y eran los que dejaban sin aliento a la mayoría de las chicas de la ciudad, seguro que ahora tienen panza y son calvos. Y apuesto que los feítos (y feítas) hoy están más buenos/as que el pan :P

Karla dijo...

jajajaja
si amiga, mejor malos ratos!!!
el tiempo todo lo cambia!

Jane dijo...

suele pasar.. esos niños que en las epocas pubertas eran la sensación les cae la maldicion gitana y cuando los vuelves a ver ohh gran decepcion jeje

saluditos!

gabriel revelo dijo...

esperemos que el ex galán cotizado en cuestión no lea esto, a lo mejor el se sigue sintiendo la última diet coke del gimnasio...


dios me libre del paso del tiempo.


saludos!.