lunes, 2 de febrero de 2009

El urgido de la Biblioteca Central

El pasado viernes fui a la Biblioteca Central –aay qué bonita es. Me encanta el olor de los libros – en búsqueda de bibliografía acerca de lo que me parece el género periodístico más completo: el reportaje.

Encontré un libro editado por la UNAM y el Instituto de Investigaciones Estéticas de ésta. En realidad hallé muchos libros padrísimos, inimaginable su existencia.

Pero aquél, de Alberto Dallal, echa un vistazo a lo que comúnmente llaman ‘periodismo’, por ejemplo, y a que desde su óptica, es un error mal difundido y con gran cabida en el medio de que periodista “es el que cubre la fuente, el que durante muchos años posee un espacio para emitir su opinión o bien, sencillamente, el que escribe en los periódicos”.

Concuerdo con el también periodista en que la apreciación anterior debe cambiar porque el periodismo ha evolucionado y se ejerce en diferentes medios, ya sea radio, televisión, internet y no sólo diarios, y porque yo defiendo mucho lo que he realizado en revistas, pues uso las mismas herramientas de trabajo que el reportero que cubre Cámara de Diputados o alguna Secretaria, claro que mis fuentes y tipo de periodismo son otros.

Igual encontré una biografía de Sastre y Beauvoir, la cual ya iré a leer. Realmente iba por material para mi tesis-reportaje de licenciatura e información acerca del agua, híjole pero el tiempo pasó de volada. No terminé.

Regresé ayer domingo. Sin embargo, debido al cambio intersemestral y el puente –no recuerdo haber descansado, en mi época universitaria, un día de tamales– la biblioteca fue poco concurrida.

Como bajé en Copilco, también el Paseo de las Facultades estaba desierto, pensé “soy la única loca y ñoña que viene por aquí en domingo”, y ¿qué creen? Jajaja, que no. Otros compañeritos igual perdidos y asustados iban al mismo lugar. Ya nos hicimos compañía, un poco de plática, qué bonito es conocer gente linda que se esfuerza por lo que quiere y hace diariamente.

Lo desagradable es cuando te topas con hombres raros en el área de lectura. Eso me sucedió y hasta mis manitas sudaron, me puse colorada. Yo acá concentrada en las páginas, en las salas que visitaría, cuando de repente:

–Hola ¿cómo te llamas? – dijo el ‘abogado’ de casi 1.72 m de altura, así en voz bajita– Me lates mucho ¿puedo conocerte?

– ¿Eh? – contesté más asustada que estupefacta– Soy Karina. Estoy ocupada y tengo que ir a sacar copias.

– No importa, te espero. Si quieres vamos– y tomó mi botella de agua junto con la libreta. Yo con cara de “esto no es normal”.

Ya pues que bajé a fotocopiar y el tal Jorge Bernardo (chequen el nombre telenovelezco) no se cansaba de decir cuan bellos eran mis ojos mientras sentí alivio al ver gente en el elevador, ufff!!!

Le pregunté que qué hacía y por las personas con quienes lo vi. Según dijo fue a ayudarle a un amigo a hacer la tarea, pero que éste ya había terminado; que le llamé la atención y regresó.

En la ventanilla de las fotocopias encontré a la chica con quien caminé de Copilco a la Central. Nos dijimos “hola” y ella miró asombrada al cuate ese que nos dijo –a ambas– ser abogado, quería que fuéramos a Coyoacán a tomar café y que si queríamos ser su novia, claro esto fue por separado y lo conversamos de regreso a Universidad.

Cuando Jorge Bernardo me acompañó nuevamente a entregar los libros, en el tercer piso, quiso besarme y acariciar mis orejas, obvio yo asustadísima me alejé y el loco con risa encima dijo:

–¿Aay que no crees en el amor a primera vista?

–¡Nooo! Con permiso, ni te conozco– usé mi mochila de escudo.

–Ándale bonita, un beso. Vamos a Coyos.

–¿Cómo te llamas? ¿Jorge verdad? Ok, Jorge. Hoy te levantaste y dijiste ‘no sé qué hacer. Iré a la biblioteca a ver a quién me topo y pss a ver qué sale’– luego agregué – Y ¿sabes? Los abogados me caen muuuy mal, la percepción que tengo de tus colegas es mala, son pretenciosos y corruptos, por unos pagan todos…

–Ay me acabas de dar una tesina. Anda, vamos a otro lado ¿qué nunca te has ido con alguien que conoces una noche, así en un bar?

–No, no lo he hecho y tengo que buscar info. Sale, bye. – comencé a subir las escaleras y el urgido ese todavía me pidió despedirnos con un abrazo.

Entré a la salita y casi me oculto en el fondo de los estantes. Sí me puso freak, qué tal que regresaba.

Reencontré nuevamente a la chica (psicóloga) en otra sale, muy amable esperó a que dejara otros libros para salir juntas. Y con esto aprendí que los domingos intersemestrales, mejor no voy a la Central por más relax que esté el sitio.

7 comentarios:

lunanueva dijo...

oraleeee, no manches lo hubises acusado por acoso a seguridad de la bilbioteca, huy amiga una anecdota q defionitivo habia q contar sexy kary

Léo dijo...

Jaja que padre. Son estás anecdotas que vale la pena contarle a los nietos.

El Señor Tlacuache dijo...

¿Que onda con la chica más sexy de la biblioteca?

Te ligaste a un freak-nerd...

Jajajaja

No, no, no...

Necesitas uno de esos botecitos de "gas pimienta" para estos casos

No puedo parar de reir!!!

Jajajaa

Latamoderna dijo...

jajajaja... chale con la gente urgida, tal vez ese día andabas arrolladora jajaja. Besos,.

ElPoeta dijo...

Ay amiga, qué historia... y no le eches la culpa a la biblioteca, que gente así te puedes encontrar en cualquier sitio... Tiempo sin visitarte, quería saludarte y mandarte un beso, amiga,
V.

pericles dijo...

Mi invitación a coyo sigue en pie. Verte tan solitaria, entre tantos libros... fue una visión increible... simplemente no pude resistirlo.

Es más... casate conmigo!!

Atte. Jorge Bernardo

jojojojo

gabriel revelo dijo...

y eso que yo me considero raro... corre y ve a contarselo a quién más confianza le tengas.