miércoles, 19 de noviembre de 2008

Del CCH y otras cosas

Ayer recordé mis tiempos CCHceros e inevitablemente mis ojillos se humedecieron.

Durante el trayecto de regreso a casa luego de una entrevista que realicé (pronto post al respecto de
Fundación Origen), pasé a través de Periférico Norte y el cruce de la Vía Gustavo Baz. Ahí, en la parada estaban muchos adolescentes, estudiantes del Colegio de Ciencias y Humanidades –CCH– Naucalpan, en espera del pecero.

Entonces caí en la cuenta de que hace 10 años, conocí a Liz. Mi amiga la que venía desde Zumpango; a quien todo el salón la odio por inteligente y siempre participativa; la que llevaba tres tortas porque salía a las 05:00 horas de su casa para llegar a tiempo.

Al terminar las clases, nos quedábamos Liz, Saray, Ivette y yo a hacer la tarea en la biblioteca y los policías siempre nos corrían porque todo el tiempo nos reíamos y decían que ese espacio no era mercado.


Los maestros también nos alucinaban. La maestra –muy enferma– que nos dio historia universal antes de iniciar la clase, decía “Choreño (apellido de Liz) cambiate de lugar. No las quiero juntas porque hablan y hablan…”; la profe de química nos soportaba más a fuerza que de ganas. Con ella rompimos un tubo de ensayo, pura risa nos causó y psss que se enoja la QFB (Química Farmacéutica Bióloga), cuyo nombre si mal no recuerdo es Carolina.

Tampoco nos quería, pero le demostramos los fregonas que podíamos ser con un trabajo sobre el agua. A todos los equipos les devolvió su investigación, cuando le pedimos el nuestro, lo tomó y dijo “este me lo quedo. Fue el mejor y más creativo”. Ni qué decir, sin palabras.

¡¡¡Aaaaaaah y la Huelga del 99, cuando Barnés de Castro era el Rector!!! Sí me tocó y tomé clases extramuros. Una mañana llegamos y el CGH (Consejo General de Huelga) ya había cerrado la escuela. Así la mantuvieron casi ocho meses.

Algunos tíos me decían que mejor entrara a otra escuela –privada–, una tía me ofreció su casa en Toluca si optaba por una preparatoria allá. Pero ¡noooooo! No quería abandonar, más que la escuela o el lugar, lo que la Universidad representa. Sino pregunten a otros, que como yo, han tenido la oportunidad de estar en esta enorme institución.

Cuando escuchas “UNAM”, la mente te remite a un equipo de fútbol, a CU, a la Rectoría, a las Islas, al Centro Cultural Universitario, a la Biblioteca Central, a los institutos de investigación, al canal universitario, a los Nóbeles egresados de la Máxima Casa de Estudios; a la magnífica Gloria Contreras, a la lucha, las utopías, las ideas por las que han trabajado y han dado grandes personajes del País … A tanto, que aun después de tres años de haber egresado, no termino de conocer.

Sin embargo, me desvié un poco del tema, el CCH nos cambia la vida, para bien o mal, pero la cambia. Su sistema de enseñanza es diferente que el de la ENP (Escuela Nacional Preparatoria), en el CCH –aunque es motivo de risa– el mobiliario, por ejemplo, es de mesitas y sillitas como en un jardín de niños, no es una banca con la paleta sobre la cual escribes.

Mi CCH, dicen, es el más grande o ahí se la lleva con el Sur. En mi CCH subesbajassubes porque como que está construido sobre un cerro, jejeje.

En mi CCH conocí a mis grandes amigas, con quienes a pesar del tiempo y del contexto que cada una escogió, mantenemos contacto. Liz es abogada y con mención honorífica de la mérita Facultad de Derecho.

Ahí, en el Naucalpan, también conocí al Cuartel: Jessica, Tania y Sandra, ingeniera en alimentos, diseñadora gráfica-fotógrafa y contadora, respectivamente. Con ellas, durante el último año del colegio, hice un diario colectivo, el cual se rolaba diariamente o si la clase estaba poco interesante, mejor escribías en la “Bitácora”.

Una bitácora conformada por cuatro cuadernos, con anécdotas, recaditos, monitos, posters, anécdotas en rosa-azul-morado-verde; canciones, hombres desnudos, fotos, retratos, disculpas luego de discutir y por supuesto, el comentario del metiche que se sorprendía de nuestra paciencia y compromiso por cargar la megabiblia siempre.

Eso es y significa para mí el Colegio de Ciencias y Humanidades. Por esto es que añoré esos viejos tiempos. Ayer fue un reencuentro con sitios que creía olvidados.

5 comentarios:

Dídac at dídac dijo...

aah que bonito los recuerdos.. mi escuela del INBA esta rechiquita, era una casa de la roma, y pues ni hacer desmadre se podia, pero eso sii todos bien compañerosos amistosos... ahora estoy en una prepa negrera satanica, que no mas me explotan ¬¬ jum!

pues uno de los maestros del la escuela de INBA fue mi pareja jo jo jo.


Saludos!

Saludos!!

Léo dijo...

Yo solía decir que la vida de los CCHcheros era retefácil porque no llevaban la misma cantidad de materias que los preparatotianos y tenían más tiempo libre. Pese a esto creo que la mejor época de mi vida de estudiante la tuve en mi prepa. Que recuerdos!

**Me** dijo...

tienes razón en aquella frase que reza asi "el CCH nos cambia la vida, para bien o mal, pero la cambia"... yo estoy muy de acuerdo con eso y me llegó hasta el fondo del corazón tu post jajaja, se vio muy cursi, pero es verdad, igual a mí me hizo añorar tantas cosas...


saludos

Karina dijo...

Didac:

Cooooof cof coooooffff... ¡Dudas, muchas dudas, tengooo!

La Roma es muuuy bonita, hasta la casucha más fea y vieja se me hace tan interesante.

Leo: Segurísimo eres un ÑOÑO, y pues la vida de los CCHeros es envidiable, jojojo.


Eliza:

Punto 1, qué gustoooo tu visita. Es un honor la visita de tan famosa bloguerainteligente, cchera y acá toda una politóloga!!

Punto 2, ¿en qué CCH estudiaste?



Saludos a todos, smuaks.

Julio Cesar Mendez dijo...

yo tambien tome clases con la chica Choreño que describes en 3 y 4 semestre en el ya lejano pero no menos interesante año 2000...recuerdo que era muy delgada y de tes clara..sin duda fue tambien la mas inteligente de las clases y mas de aquellas donde era externar tu opinion...la he querido contactar pero en ese tiempo no existian los cel, o las redes sociales..si me podrias ayudar a contactarla con mucho gusto te lo agradeceria...